Berenice, un sendero excitante
Cuando apenas levantaba dos palmos del suelo,los libros eran ya para m como el mgico prtico a un universo repleto de prodigios. Me fascinaban y atraan como ese pastel que te llama, rutilante, gozoso, desde el escaparate de una confitera. De mod
11/03/2019

Cuando apenas levantaba dos palmos del suelo, los libros eran ya para m como el mgico prtico a un universo repleto de prodigios. Me fascinaban y atraan como ese pastel que te llama, rutilante, gozoso, desde el escaparate de una confitera. De modo que, sin conocer an el consejo de Wilde, opt por sucumbir a la tentacin como nico modo de vencerla.

Mi historia, en realidad, no difiere de la de tantos otros. Almas gemelas cuya infancia y adolescencia discurrieron bajo el influjo de la lectura, ese espacio privado en el que uno se encuentra en apacible soledad pero en compaa de otros, valga la paradoja. En ese mbito exclusivo uno sustenta su identidad y la enriquece con la de seres reales o imaginarios para construir un puente con la propia vida, con el mundo que nos rodea o que, acaso, podra existir.

El editor actual, seamos sinceros, no ve en el libro una ocasin para hacer dinero sino para dar rienda suelta a su inagotable pasin

Dicha pulsin lleva a algunos a involucrarse en una cadena en la que diversos agentes colaboran entre s para alumbrar el objeto de su deseo. Me toc a m escribir y, ms tarde, editar; dos caras de la misma moneda. Pocos oficios hay tan escasamente reconocidos como el de editor, pero tambin pocos (tal vez ninguno) tan gratificantes. El editor es visto a menudo como una suerte de antagonista del autor, al que, por puro afn mercantil, tiende a escamotear porcentajes en sus regalas o a mutilar su texto, obrando cambios que lo degradarn y desviarn de la obra magna que era. Pero estas falacias no las creen, en el fondo, ni aquellos que las propalan. El editor ladino y salaz pertenece a otro tiempo. En los albores de la industria, siglos atrs, hubo advenedizos que vieron la oportunidad de hacer negocio. Y algunos hasta lo lograron, al calor de lo nuevo, de lo desconocido, cuando an no haba reglas y el ms osado se llevaba el gato al agua. Pero es, como digo, cosa del pasado. El editor actual, seamos sinceros, no ve en el libro una ocasin para hacer dinero (pues dejar de ser editor ms pronto que tarde, por lo exiguo de los mrgenes) sino para dar rienda suelta a su inagotable pasin. Una pasin que lo consume y alimenta a la vez.

 

De otro lado, la historia de la literatura es prdiga en ttulos cuyo halo de clsicos se debe en gran medida, como no podra ser de otro modo, a su autor, pero en los que mnimos y al tiempo sustanciales cambios un ttulo alternativo singularmente afortunado, un desenlace ms redondo han contribuido de manera decisiva al logro del mejor libro posible, el que trasciende el paso del tiempo y de las generaciones.

El sello Berenice, que debe su nombre al cuento homnimo de Poe, cumplir pronto tres lustros de vida. Desde la mgica Crdoba, lugar donde confluyeron culturas exuberantes pero alejado de los enclaves tradicionales donde la industria tiene en este pas su sede, ha forjado con el correr de los aos un catlogo que rehye el lugar comn y apuesta sin ambages por el riesgo y la excelencia. El primer tramo de ese recorrido lo alent el tesn de Javier Fernndez, editor de raza que cont en el empeo con el sabio apoyo de Manuel Pimentel, por entonces gestando asimismo Almuzara. En 2009 recogera el testigo David Gonzlez Romero, embarcado ahora en el personal proyecto que es El Paseo. Y de hoz y coz, pero con la ilusin de quien se adentra en las lindes de un sendero hermoso y excitante, el que suscribe tom a su vez el relevo en 2016. La pretensin, no obstante, sigue siendo la misma: rendir culto a la mejor literatura, esa que nos remueve por dentro y nos impele a reflexionar sobre los prodigios y sinsabores de nuestra existencia; la que ilumina los recovecos del mundo que habitamos y se interroga sobre su sentido o futilidad.

De impronta marcadamente literaria, numerosos autores jvenes han encontrado acomodo en ese catlogo. Disbook, empresa seera del ramo, distribuye con solvencia su fondo, y Berenice ha dado a la imprenta obras que se han convertido en referencia de sus respectivos gneros. La edicin de La banda de la tenaza permiti que el lector espaol conociera de primera mano el mensaje ecologista y transgresor del norteamericano Edward Abbey, emblema de la narrativa ms comprometida con el entorno en el que vivimos. Inmersin, del galo Christophe Ono-Dit-Biot, ya haba conquistado el mercado autctono Gran Premio de Novela de la Academia Francesa incluido cuando Berenice public la estupenda traduccin de Iballa Lpez. El amor de Penny Robinson y El arte de pensar son xitos recientes, todava en los anaqueles. La coleccin de Manuales, con el Do re qu? de Federico Abad a la cabeza, ha supuesto una fuente inagotable de parabienes. Manual del Editor, de Pimentel, es un libro de consulta obligada para quienes deseen conocer los entresijos de la moderna industria editorial.

En este apasionante reto nos han acompaado firmas como las de J.G. Ballard, Georges Perec, Diana Wynne Jones, Terenci Moix o Juan Bonilla

En los ltimos tiempos esa industria ha experimentado cambios notables. Grandes editoriales se han hecho con el control de otras ms pequeas, y todas ellas han pasado a engrosar el formidable aparato de conglomerados multimedia en los que el libro se torna un bien de consumo ms. Incluso en esos casos, me consta, pervive mal que bien el aliento primigenio, el amor al libro. Pero es claro que son las llamadas editoriales independientes denominacin confusa, aunque nos permitir entendernos las que sostienen tal cetro con ms entereza y, por qu no decirlo, con mayor arrojo.

Esa concentracin empresarial y los perjuicios que conlleva probablemente hayan venido para quedarse, pero lamentarse carece de sentido. Cabe pensar que ese enorme muro ha alcanzado tales dimensiones que entre sus minsculas grietas hay espacio para un nada desdeable segmento de lectores; unos lectores que abogan por el libro arriesgado, que saben apreciar las bondades inherentes al mismo, imposibles de emular desde una visin puramente contable. Desde esa conviccin afrontamos nuestra labor, y en ese apasionante reto nos han acompaado firmas como las de J.G. Ballard, Georges Perec, Diana Wynne Jones, Terenci Moix, Juan Bonilla, Yolanda Regidor, Vicente Marco, Javier Mina o Alejandro Lpez Andrada (la enumeracin, por fuerza, no es exhaustiva). A ellos se sumar, en el ao que comienza, una flamante hornada de autores talentosos y lcidos. Son ellos quienes insuflan vida a este pequeo gran sueo que un da se hizo realidad.



Fuente: Zenda (https://www.zendalibros.com/berenice-un-sendero-excitante/)


Javier Ortega Posadillo
Es editor de Almuzara y director de Berenice. Escritor cinfilo y melmano.

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