![]() | |
Criar a un niño es emocionante y a la vez aterrador. Conlleva una tremenda responsabilidad. La ciencia y la experiencia han mostrado que si entendemos lo que pasa dentro del cerebro del niño se facilita la tarea y se puede maximizar su potencial sin entrar en luchas ni círculos viciosos. Hay mitos y mentalidades extendidas en la sociedad que van en contra de lo que los niños realmente necesitan para crecer saludablemente. A veces, hasta con la mejor voluntad, hacemos lo opuesto de lo que el niño necesita. Siendo madres y maestras Montessori, hemos destilado los 10 puntos prácticos que dan los mejores resultados para que actúes desde ahora: 1. La disciplina aparece cuando hay libertad Contraintuitivamente, para fomentar este desarrollo el niño necesita que le des dos cosas: libertad y actividad. Necesita libertad para elegir y así aprender a manejar su voluntad y asumir las consecuencias de sus elecciones. Necesita actividades con una meta clara que le reten y que pueda repetir para aprender a controlar sus movimientos, sus emociones, etc. Déjale que recoja lo que se le cae, que limpie, que se vista solo, que abra y cierre la puerta. El autocontrol es un músculo que solo se fortalece mediante la práctica constante. Al principio, los niños obedecen fácilmente, ya que están buscando actividad constante y quieren hacer las cosas como es habitual y como lo hacen los demás. Guiados por sus impulsos internos, alrededor de los 2 años el impulso a independizarse es más fuerte, lo cual es sano y necesario. Marca tus límites claramente desde el principio y déjale libertad para ejercer su voluntad dentro de esos límites, y así como por arte de magia irá apareciendo su autodisciplina. Al haber confianza y comprensión, todas las necesidades convergen y el niño hace voluntariamente lo que se le pide o se espera de manera natural. No uses los límites para castigar o disciplinar. Son más bien para delinear su libertad y para que entienda cómo se hacen las cosas en su cultura para el respeto colectivo y la seguridad de todos. 2. Déjame ser libre en mi entorno y poder elegir El cerebro del niño se construye en base a sus experiencias. Aprende con todo el cuerpo, utilizando todos sus sentidos. Por eso es imprescindible que se le deje mover, tocar, probar, oler, etc. El entorno óptimo por excelencia es la naturaleza; todos sus sentidos se estimulan y, a la vez que aprende, se siente conectado y desarrolla respeto por ella. El entorno debe estar listo para que el niño pueda prepararse un tentempié cuando tenga hambre. Deja a su alcance una tabla de cortar, cuchillo sin filo, plátanos, platos, etc. y muéstrale el proceso de principio a fin, desde cómo pelar y cortar el plátano hasta cómo lavar el plato, secarlo y devolverlo a su sitio. Al tomar minúsculas decisiones, se desarrolla la capacidad de elegir y la autonomía, y se fomenta un sentimiento de seguridad en uno mismo y de ser útil a la comunidad. 3. Déjame practicar y concentrarme Cuando dejes que el niño elija libremente, verás que su concentración es más profunda y por periodos de tiempo más largos. Esos momentos de enfoque son valiosísimos para crear nuevas conexiones neuronales. Poder enfocarse a voluntad requiere del desarrollo del control inhibitorio, y es una habilidad que, una vez adquirida, se puede traspasar a cualquier actividad. Si le dejas que se concentre atándose los cordones, más adelante sabrá enfocarse en tareas intelectuales como resolver problemas de matemáticas. Nunca interrumpas a un niño, su concentración es muy frágil. Aprende a protegerla. Hasta un halago o un comentario le puede sacar de su estado óptimo de aprendizaje. Montessori descubrió que es a través de la concentración como los niños se convierten en su mejor versión; emergen de esas actividades más satisfechos, tranquilos, seguros de sí mismos y cooperativos. La psicología experimental moderna como las del Dr. Mihaly Csikszentmihalyi han corroborado estas observaciones. Sus características poco deseadas, como la dependencia excesiva o la agresividad, desaparecen si se les deja practicar, repetir y concentrarse. 4. Déjame hacerlo por mí mismo Deja tiempo y espacio para que el niño se esfuerce y llegue a sentir éxito. Cuando le dejas hacer, siente tu confianza en su capacidad. No saltes a solucionarle sus problemas ya que rompes el proceso natural de aprendizaje. Déjale que se aburra y que encuentre soluciones a sus problemas. Este tipo de experiencia acumulada es lo que construye una verdadera autoestima. Aunque te tome más tiempo actualmente, es una muy buena inversión ya que cada vez será más autónomo y pronto tendrás más tiempo libre. 5. Déjame cometer errores Idealmente el ambiente ha sido creado con materiales autocorrectores, con los cuales el niño pueda descubrir y corregir sus propios errores, como un puzle que solo encaja de cierta forma. Los errores son parte de la vida y juegan un papel fundamental en el aprendizaje. 6. Déjame pedirte ayuda La manera más eficiente de ayudar es a través del ejemplo, mostrando cómo hacerlo en cámara lenta y separando los movimientos. Los niños están cableados para absorber mirando, si les hablas a la vez se distraen. Si cuando vierte agua se le derrama fuera del vaso, no pierdas la paciencia. Tómalo como una oportunidad de aprendizaje. Enséñale a limpiarlo y tómate el tiempo para mostrarle cómo verter en el centro del recipiente. Cuando discute con el amigo sobre quién se monta en el columpio, déjales buscar sus propias soluciones y solo ayuda si lo busca o si ves que la situación les supera. Ciertamente, es mucho más rápido servirle tú el agua y resolver sus problemas, pero son músculos que necesita practicar. A la larga, si le ayudas a desarrollarlos, será más autónomo y feliz y tú estarás más libre. 7. Déjame expresar mis opiniones A menudo, las ideas de los niños se vuelven risibles para los adultos. Se nos olvida que su mente es bien diferente a la nuestra, menos racional y más creativa. También se nos olvida que los podemos lastimar y marcar de por vida. Es importantísimo dejar que piensen por sí mismos, que se expresen libremente y tomarlos en cuenta en decisiones que les afectan. Puede que quiera tener una jirafa como mascota. No hace falta cortarle la iniciativa, simplemente hacerle preguntas abiertas para que tenga una oportunidad de pensar lógicamente. Solito llegará a la conclusión de que no es factible. Pero en el proceso se ha sentido validado, capaz y que confías en él. 8. Déjame disfrutar de mis esfuerzos Si le obligas a obedecer por fuerza externa, no aprenderá a autocontrolarse y siempre necesitarás seguir vigilando como “policía”. Si le das un reloj por aprobar un examen, ¿estás preparado a darle una casa cuando acabe su tesis? Los niños crecen con mucha más confianza en sí mismos cuando se les deja que sientan todo el proceso, desde probar, esforzarse, fallar, aprender y poco a poco conseguir las metas que se propusieron. El gozo que sienten es la recompensa real y un mecanismo que dura de por vida. Si este proceso se daña, las inseguridades también duran de por vida. 9. Déjame sentir y expresar todas mis emociones Las rabietas son simplemente su manera de comunicar fuertes emociones cuando le falta vocabulario y aún no puede redirigir sus emociones. Si se tira al suelo en medio del supermercado, concéntrate en el niño. Enfócate como un detective y no malgastes tus energías en preocuparte por lo que piensa la gente. No te enganches en la expresión superficial ni el capricho que demanda. Vete más a fondo y aprende a leer entre líneas. Encuentra la necesidad insatisfecha (cansancio, hambre, aburrimiento, conexión). Cuanto antes la identifiques, más rápido se disolverá la rabieta y juntos encontrareis una solución más duradera. 10. Déjame sentir tu atención, es así como siento tu amor Si le hablas mientras surfeas en el móvil, se siente reemplazado o abandonado. Mírale a los ojos, dale tu atención y contacto físico, involúcrate en su vida. Si le gritas o amenazas, se le congela su corteza prefrontal, necesaria para pensar, planificar, aprender y regular sus emociones. Es humano tener tensiones y reñir en cualquier relación. Lo esencial es que lo arregles. Con un niño, el trabajo recae sobre el adulto. Es importantísimo reconectarse después de tener desacuerdos o enfados. Fácilmente los niños pequeños se sienten culpables aunque no lo sean. El niño aprende de ti cada vez que lo hagas y adquiere habilidades para relacionarse bien en el futuro. Las interacciones – positivas o negativas– se vuelven hábitos y no solo son importantes para una armonía familiar ahora sino para la formación de su cerebro y también su salud física a largo plazo. Cuanto antes empieces el buen hábito de estar presente y tratarle con respeto, más pronto verás buenos resultados. El mundo digital te lo pone difícil pero tu hijo te necesita. * * * Verás que tus pequeños cambios cotidianos tendrán efectos tangibles. Cuando eres proactivo y sigues lo que necesita el niño biológicamente todo fluye mejor, el niño está más tranquilo y satisfecho, y habrá más armonía. Estarás seguro de que estás haciendo todo lo posible para criar un adulto responsable, autónomo, resiliente, empático y equilibrado emocionalmente. Tu papel en la sociedad es crucial porque estás criando al ciudadano del futuro. Las investigaciones como las del economista Nobel Dr. James Heckman muestran que hay un gran impacto social positivo en la economía y la paz cuando se cuida la primera infancia. Se ha visto que cambiar cómo se cría a los niños proporciona el cambio social más rápido y se puede medir en una generación. Tus esfuerzos son inestimables. Para más consejos, consulta nuestro libro, Mi Cerebro Solo se Construye una Vez, ¡Actúa Ahora! Disponible en librerías y en línea. |
Educadora, neuróloga y escritora. Profesora y escritora. |
|
La editorial
Comunicación
Redes sociales
|
Distribución
Derechos
Envío de originales
Tienda
|
Nuestros sellos editoriales
|
Arcopress Parque Logístico de Córdoba
Ctra. Palma del Río, km 4 C/8, Nave L2, módulos 6-7, buzón 3 14005 - Córdoba (+34) 957 467 081 FAX: (+34) 957 227 819 | ||